¿Quién soy?

Para muchos soy simplemente Cristina.

Para otros, la amiga que escucha.

Para algunos, la chica que publica cosas en Instagram.

Pero para mí soy una mujer orgullosa de todo lo que ha tenido que atravesar para llegar hasta donde está hoy.

No lo he tenido fácil. He escuchado palabras feas. He soportado burlas por hacer lo que me gustaba. He sentido cómo juzgaban mi cuerpo, mis decisiones y mis sueños.

Y, aun así, aquí estoy.

Todo eso no me rompió. Me impulsó a ser mejor persona y mejor profesional. Estoy a punto de conseguir la titulación por la que llevo más de seis años formándome. Un objetivo enorme. Uno que parecía lejano, pero que hoy casi puedo tocar.

¿Por qué estudié dietética?

Para mí, la alimentación es uno de los motores de la vida.

La comida es placer. Es felicidad. Es comunicación. Es unión. Es dopamina, oxitocina, serotonina y endorfinas.

Primero estudié cocina. Me apasionaba, pero siempre sentí que quería ir más allá: entender la comida desde la salud. Y ahí apareció la dietética. Era el punto donde todo encajaba: gastronomía y bienestar.

Pasé por farmacia —una etapa que me aportó mucho— pero mi corazón sabía que quería dedicarme a la nutrición. Así que aposté por ello.

Y hoy puedo decir que fue una de las mejores decisiones de mi vida.

Mi relación con la comida

Desde muy pequeña tuve problemas con mi peso y, sobre todo, con la forma en la que me veía.

Comentarios como:

  • "No deberías comer eso."
  • "No repitas, que vas a engordar."
  • "¿Cómo puede una persona gorda atarse los zapatos?"

Frases que algunos dicen sin pensar, pero que se quedan grabadas durante años.

Mi infancia y adolescencia estuvieron marcadas por la culpa al comer, por el miedo a repetir, por sentir que mi cuerpo era un problema.

Y eso deja huella.

Hubo una etapa en la que intenté "hacerlo perfecto": ensaladas sin apenas grasa, pocos carbohidratos, mucho deporte. Durante casi un año viví en el extremo del control.

Pero no funciona así.

La relación amor-odio con la comida duró años. Comer mal, sentir culpa. Intentar compensar. Volver a caer. Un ciclo agotador.

Hasta que entendí algo importante:

El problema no eran los carbohidratos ni las grasas. El problema era la culpa.

El punto de inflexión

Hubo un momento en el que comprendí que la alimentación podía ser una herramienta de cuidado, no de castigo.

Aprendí que:

  • Prohibir no funciona.
  • La educación nutricional sí.
  • La salud emocional influye más de lo que creemos.
  • Nadie tiene derecho a definir tu cuerpo ni tu valor.

Empecé a rodearme de personas que respetan. Aprendí a poner límites. Y decidí que, como profesional, jamás trabajaría desde la culpa o el juicio.

Lo que no quiero hacer como profesional

No creo en:

  • Dietas milagro.
  • Eliminar grupos de alimentos sin motivo.
  • Productos "adelgazantes".
  • Trabajar desde la obsesión.
  • Juzgar un cuerpo sin conocer su historia.

Porque lo que se ve por fuera nunca cuenta todo lo que ocurre por dentro.

¿Puedo ayudarte?

Puedo ayudarte si…

  • Te sientes en guerra con la comida.
  • Has probado mil dietas y ninguna te ha dado paz.
  • Sientes culpa después de comer.
  • Te cuesta confiar en tu cuerpo.
  • Quieres aprender a alimentarte sin extremos.
  • Quieres mejorar tu salud sin dejar de disfrutar.

Trabajo especialmente con mujeres que quieren reconstruir su relación con la comida desde el respeto, el conocimiento y la flexibilidad.

Si te has sentido identificada con algo de lo que has leído, quizá este sea tu lugar.

¿Qué puedes esperar de este blog?

Este será un espacio donde:

  • Aprenderás nutrición sin obsesión.
  • Entenderás tu cuerpo.
  • Descubrirás recetas ricas y equilibradas.
  • Mejorarás tu relación con la comida.
  • Trabajaremos también la parte emocional.

Aquí no encontrarás blanco o negro. Encontrarás equilibrio.

Y si decides caminar este proceso conmigo, estaré a tu lado. Porque no estás sola. 🤍